Inverosímiles temas sobre la violencia

Tomé por decisión propia cuidarme de lo que leo. Discrimino títulos, muchos, porque libros van y libros vienen y no pasa nada. Los críticos toman en cuenta parte de esos títulos pero a veces ni eso porque no son dignos: aparecen y desaparecen sin pena ni gloria. Pareciera una moda el intentar escribir sobre violencia porque comercialmente pudiera ser de interés a los lectores. Ingenuidad pura: no hay lectores tontos y menos ahora, en medio de un desastre mundial como éste. Lo saben los editores y aún así arriesgan a medias. Veo un bombardeo terrible y molesto del tema de la violencia. Me siento calificado al tratar el punto. Trabajé crónica roja, estudié psicología de lo criminal y sé lo que representa el concepto de “inverosimilitud” en las malas historias literarias. Quizá ahí se halla el problema: temas duros, difíciles de hacerlos verosímiles a los lectores. Debe ser por eso que esos libros se pierden. Intentan escribir porque, como lo he expresado antes, “lo que natura no da, Salamanca no lo otorga”. Improvisados, se aferran a medio redactar acciones que desconocen. Asunto más que grave que se soluciona en cualquier taller de redacción: nunca abordar lo que no se sabe porque entonces todo será falto de verosimilitud.Recurso simple que no puede faltar cuando la imaginación no da para mucho: el personaje llega de un país violento a otro que era el suyo pero que se le presenta más que violento. Recurso pueril, falto de aquello llamado “psicología de los personajes”, vacío de diálogos o, más exacto, diálogos acartonados, como de papel maché..El uso —y el abuso— de la violencia no radica solamente en el montaje de enfrentamientos forzados. Hay otros ejercicios en las relaciones cotidianas. No se requiere ni siquiera de la fuerza: una mirada bien descrita desactiva las balas de un cañón antes de ser disparadas. ¿Cómo clasificar a estos falaces que hoy quieren comercializarse utilizando la violencia como tema? ¿Lastimosos que no llegan a una moda negra? Pobres “creadores” que reciclan argumentos. Traidores enfermos del alma, sus argumentos quisieran acercarse a los de “El libro vaquero”, pero ni eso, nunca.
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