Los apagafuegos

De pronto, en una parte de carretera que cruza el Ajusco, a 2 mil 900 metros sobre el nivel del mar, el convoy desvía su ruta hacia la izquierda y se interna sobre una brecha rodeada de pinos; más tarde sale a un extenso terreno y las ruedas producen espesas nubes de polvo y remolinos que empañan la visibilidad; hasta desembocar entre corrales donde pastan ganado vacuno y bovino. Es solo una parte del 53 por ciento de la zona boscosa y de labranza de Ciudad de México. Pertenece a la alcaldía Tlalpan.La caravana, entre las que hay dos carros bomba de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural, Corenadr, se dirigen al paraje San Antonio, donde habrá una quema controlada, pues ya comenzó la temporada de incendios y sus dos mil 500 brigadistas, mujeres y hombres, deben estar listos para proteger el suelo de conservación, zonas boscosas y pastizales que abarcan 84 mil hectáreas en la capital del país.Por fin, después de 45 minutos, se llega. Parece cualquier parte boscosa del país, similar a Tlaxcala o Los Altos de Chiapas, pero es Ciudad de México, cuyo territorio sobrepasa la mitad de suelo arbolado, como lo ejemplifica y contrasta Gerardo Marentes Alarcón, subdirector de Restauración Forestal de la Corenadr.Los brigadistas trazan un camino en círculo de tres mil 500 metros cuadrados, pues servirá como ruta de escape y para atajar la lumbre.Entonces el fuego comienza a devorar el pasto. Los brigadistas arrojan tierra para sofocarlo. También desenrollan mangueras para rociar agua y lanzar chorros hacia un pino chamuscado.Entre los brigadistas está Elizabeth Romero Nava, cuyo padre es bombero. Uno de sus hermanos también trabaja en la misma corporación, igual que sus dos hijos, a los que ella escuchaba platicar sobre cómo lidiaban contra el fuego. Fue cuando ella se animó a participar.Y aquí anda Romero, con la adrenalina al cien y equipo especial: botas, camisola, pantalones, casco y lámpara empotrada, mascarilla, pala y mochila de supervivencia, igual que el resto de sus compañeros.Las llamaradas suben y bajan. El ingeniero Luis Posadas Bonilla toma el mechero y rocía combustible.Hace una maniobra para apagar el fuego con fuego, mientras sus compañeros echan tierra y aplastan matorrales incendiados.***“Mucha gente piensa que Ciudad de México es solo Insurgente, Reforma y otras avenidas”, dice Marentes Alarcón, ataviado con traje de apagafuego, quien ofrecerá una explicación sobre el Programa de Incendios y Protocolo de Atención.Pero antes habrá que resaltar la tarea de algunos nativos de la zona, como Elizabeth Romero Nava, cuya familia colabora en el cuidado del bosque, desde su padre, quien tiene 35 años en esta labor.—¿Y los demás?—También está mi hermano, con 27 años trabajando en la Corena; después entraron mis dos hijos, que me platicaban de todo lo que hacían y de ahí me nació el amor por este trabajo.Esta brigadista comunitaria nació en el pueblo de San Miguel Ajusco, alcaldía de Tlalpan; tiene 9 años trabajando en la Corenadr, tiempo durante el cual ha participado en la extinción de varios incendios.—¿Qué se siente ser brigadista?—Es un gran orgullo, pero también una gran responsabilidad.—¿Y por qué alguien puede provocar un incendio?—Pues hay muchas cuestiones: a veces porque quieren limpiar los terrenos, agarrar como el padacito, o a veces porque quieren meter sus animalitos, sus vacas, borregos, entonces de ahí se desata.—¿Y otra causa?—Pues a veces que van por la orilla de la carretera Picacho-Ajusco y conque avienten el cigarrito y haya viento, pues con eso se desata un incendio.—Dice usted que sus hijos le platicaban de la actividad que realizaban como brigadistas, ¿qué le decían?—Me hablaban de la emoción, la adrenalina de combatir un incendio. Esa adrenalina de salvar un árbol. Esa adrenalina de sentirse orgullosos de salvar nuestro bosque, de salvar muchas especies que tenemos.—Como cuáles- se pregunta a Romero Nava, quien antes de ser brigadista tuvo otros trabajos.—Aquí tenemos coyotes, víboras, camaleones, tenemos gallinitas de monte, águilas, halcones, o sea, muchas especies de animal.Entre los brigadistas que combaten el incendio también anda Jesús Ayala, de 61 años, quien arroja tierra al fuego y observa la maniobra que hacen sus compañeros bomberos con una manguera de 30 metros.Otro brigadista, Javier Fuentes García, comenta que usan tierra mientras llega más ayuda, pues a veces el fuego se produce en zonas de difícil acceso.La brigadista Janet Reyes Solórzano anda con un azadón para cortar el pasto. “Me gusta mi trabajo”, dice sin dejar de calcular por dónde dejará caer su instrumento.—¿Y el horario?—Ocho horas diarias; pero a veces tenemos que quedarnos más tiempo- dice esta mujer, que no desatiende su labor.Andan entre llamaradas y humo.—¡Aquí hay fuego, Javier!- se escucha.—¡Chucho!—Somos combatientes de fuego- dice otro por allá, mientras ve que sus compañeros lanzar chorros de agua.—Hay ocasiones en que el terreno es pedregoso y no contamos con tierra suficiente- dice Jorge Cruz, brigadista del equipo Álamo.—¿Y qué hacen?—Lo que hacemos es cargar mochilas con agua; son mochilas aspersoras.***Los combatientes, como también se les dice a los brigadistas, tienen varias tareas, informa el director de Restauración Forestal, Gerardo Marentes Alarcón, cuya función es vigilar y hacer cumplir los programas de prevención y combate de incendios forestales de Ciudad de México.“La temporada de incendios forestales”, comenta Marentes, “es de enero a junio; viene la época de lluvias, entramos a reforestar, a restaurar las zonas afectadas, y septiembre, octubre, noviembre y diciembre entramos a labores de prevención, para evitar incendios”.Y para impedir que el incendio avance, paradójicamente usan fuego, provocado con una pequeña antorcha de goteo, y esta vez reforzaron la operación con dos unidades móviles de cuatro mil litros de agua, como lo explica Luis Posadas Bonilla, Jefe de Unidad Departamental de Control y Combate de Incendios Forestales, de Corenadr.“Estamos haciendo una quema bajo el método controlado; para poder quemar, existe la Norma número 15, que es el uso y manejo del fuego, la cual nos dice que si lo utilizamos de una manera adecuada, nos ayuda, es nuestro amigo en actividades de prevención física de incendios forestales”, detalla Posadas.Esta es una zona de pastizal, donde crece una especie de pino adaptable al fuego –dice- que se produjo de manera controlada, pero antes hicieron unabrecha alrededor, que sirvió de cortafuego. También evaluaron la atmósfera con un pequeño aparato.“Es un kit meteorológico”, explica Posadas. “Son parámetros que nos ayudan a revisar cómo se va a comportar el fuego a la hora de hacer una quema controlada”.—¿Y las brechas para qué sirven?—Para controlar la propagación del fuego, pero también como rutas de escape. Recordemos que el tiempo atmosférico puede cambiar de un momento a otro y hay inseguridad para nuestros combatientes.—También usan palas y tierra.El agua es muy valiosa en el combate de incendios forestales; para no gastar mucha, nos apoyamos con tierra, que ayuda a enfriar y a controlar el fuego. Las brigadas comunales usan herramientas manuales.—También usan un aparatito para incendiar.—Con esta herramienta controlamos la propagación de la flama; nos ayuda para utilizar una estrategia que se llama contrafuego, que es un aliado en el combate de incendios forestales. Qué quiere: si vemos que el comportamiento ya es extremo y hay inseguridad de que se brinque una brecha, lo que hacemos es utilizar esta antorcha de goteo para generar otro fuego para que choque; esto nos va a permitir salvaguardar el otro ecosistema.—Es fuego amigo.—Es fuego amigo. Recordemos que el fuego es nuestro aliado, tanto en actividades de prevención, como en combate de incendios forestales.Pasa casi una hora.Termina la actividad.Al final hacen una reunión.“El objetivo de esta reunión es revisar qué tenemos que mejorar en las siguientes actividades o en los siguientes combates”, explica Posadas Bonilla.—O sea…—Es un análisis de lo que hicimos el día de hoy, pero sobre todo sirve para lo que tenemos que mejorar en los próximos periodos…—Eso siempre se hace.—Siempre. Es una autocrítica, sobre todo porque tenemos que mejorar día con día. Recordemos que lo más valioso para nosotros es la seguridad de nuestro personal.Los 42 brigadistas que participan en esta actividad, muchos de ellos nacidos en la zona, están comprometidos con su trabajo.“Nos sentimos muy orgullosos de salvar lo nuestro, porque, entonces… ¿qué le vamos a dejar a nuestros hijos, qué le vamos a dejar a nuestros nietos?”, remata Elizabeth Romero Nava, mientras sus palabras parecen resonar en el cielo del Ajusco.
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